Monday, March 16, 2009

Mi primer amor

Me fui con un velís en la mano y ante las lágrimas de mi familia yo sólo podía sonreír; al llegar a este país vi las calles tan limpias y los jardines muy bellos, pero en los Estados Unidos las flores no tienen olor.

Llegué listo y ansioso; nervioso pero emocionado. La comida chatarra tan disponible y muy barata era el sueño de cualquier escuincle, pero en los Estados Unidos la comida no tiene sabor.

Vi a la gente tan diferente. Dioses griegos con piel de mármol; de narices tan finas y estatura muy impresionante, pero en los Estados Unidos los gringos no tienen color.

Me maravillé al ver impresionante belleza femenina. Cortesanas de ojos tan claros y cuerpos muy bellos, pero en los Estados Unidos las mujeres no tienen amor.

Fuiste mi primer amor; aunque no lo supe hasta muchos años después, fuiste la única que me quiso, la que me acogió sin juzgarme, la que de mi piel morena y mis rasgos indígenas nunca se burló. Nunca tuve mucho que ofrecerte, y tú tan pobre pero con tanta riqueza inerte podrías haber escogido a alguien más, pero a mí me amaste incondicionalmente.
Me creaste y en tu seno me consolaste.
En el yugo de la tristeza y por la amarga pobreza de mi pueblo aprendí que tú, mi querida patria, serías la única que me querría de esa manera tan dulce y amorosa.

Al llegar aquí te olvidé, esta nueva vida de lujos del primer mundo me cegó. La luz alumbra, Luzbel ofusca.
Esta novedad me esclavizó. Huyó la sencillez de la vida, la belleza de la cultura y la calidez de mi pueblo. Encontré un lugar de confusión e intriga; una tierra de promisión cuya maldición cae sobre todos aquellos que aquí osan vivir su sueño.
Por azotes y poco a poco he aprendido que el sueño americano es una pesadilla del cual sólo los imperialistas despiadados gozan.

Mi único sueño, álveo de mi alma, es que pueda sanarte. Cuando muera quiero decir que ayudé a librarte; el acto de un hijo pródigo que busca su redención.
Ya no más de tus hijos la sangre
se derrame en contienda de hermanos;
sólo encuentre el acero en sus manos
quien tu nombre sagrado insultó.
¡Levántate oh pueblo! Que si abandonas tus vicios, tus pesares se aliviarán. ¿Por qué, cauce de mi espíritu, niegas tu belleza y cedes a la violencia? Oh Dios todopoderoso, no pido mucho de ti, pero exijo que alivies la maldad de mi pueblo. Hazme un instrumento en tus manos porque mi pueblo se ha doblegado bajo su propia carga; que sea posible que truequen sus vías pecaminosas y que yo pueda ser parte de ese proceso.

Por ti soy y por ti siempre seré.
¡Patria! ¡Patria! tus hijos te juran
exhalar en tus aras su aliento,
si el clarín con su bélico acento
los convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva;
¡un recuerdo para ellos de gloria!
¡un laurel para ti de victoria;
¡un sepulcro para ellos de honor!

No comments: